¿Has jugado alguna vez a ver quien aguanta más tiempo debajo del agua? el pulso latiendo en las sienes, las imágenes borrosas, los sonidos distorsionados, el pecho a punto de explotar, la vocecilla que te decía “aguanta un poco más, sólo un poco más” y por fin sacar la cabeza y respirar¡¡¡

A veces, a ratos tengo la misma sensación, sólo que esta vez no es un juego. Cuando espero  que sean otros u otras los que creen una oportunidad, ocasión, momento, coincidencia…  aparece la vocecilla con sus mil excusas para continuar bajo el agua y te dice-s “aguanta un poco más, seguro que te llama”, “mereces ese puesto, ya llegará”, “no te impacientes, habrá tenido mil cosas que hacer”, “todavía no ha llegado el momento, espera un poco más”… Y a la que te das cuenta han pasado meses y todo sigue igual… bueno en realidad no, porque has pasado tanto tiempo bajo el agua que tienes la piel arrugada, los ojos enrojecidos y los oídos taponados, tan taponados que sólo eres capaz de escuchar tus propias excusas.

Vivimos esperando que los demás den el primer paso y así es como nos quedamos, con mil cosas por decir, por hacer, por sentir, por empezar, por disfrutar… pensando que son ellos o ellas quienes deberían dar el primer paso…pero ¿qué pasaría si…? si hablas tú la primera, si propones, si llamas, si dices… si sacas la cabeza de debajo del agua y RESPIRAS

 

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